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Day burns | El día se consume
Day burns down to night,
Burns the edge of my soul.
In the night
I break into sparks of suns
And become fires end in a dust of bones
Night knifes
My breath swallows whole my tongue
Turn back Reverse return
My breath swallows whole my tongue
Turn back Reverse return
In the night I see the real
Concealed in day's bright lie
Eyes stitched shut White teeth smile
Sleep walks and talks And feet mark time
To the drumless beat.
El día se consume hacia la noche,
Arde en el borde de mi alma.
En la noche
Estalla mi cuerpo en rayos de sol.
Y se convierte en lindero ígneo en polvo de huesos
La Noche apuñala
Mi respiración engulle mi lengua
Se vuelve Reverso retorna
En la noche veo lo que es real
Escondida en la mentira luminosa del día
Ojos cosidos cierran la Sonrisa de Dientes Blancos
El sueño camina y habla y los pies marcan el tiempo
Hacia el latir sin percusión.
El día se consume hacia la noche,
Arde en el borde de mi alma.
En la noche
Estalla mi cuerpo en rayos de sol.
Y se convierte en lindero ígneo en polvo de huesos
La Noche apuñala
Mi respiración engulle mi lengua
Se vuelve Reverso retorna
En la noche veo lo que es real
Escondida en la mentira luminosa del día
Ojos cosidos cierran la Sonrisa de Dientes Blancos
El sueño camina y habla y los pies marcan el tiempo
Hacia el latir sin percusión.
© Goyer, The Invisible
Dedica este poema a quien puede ver el reverso de la noche a través de facebook, google plus, twitter o vía e-mail.
LOS DOMINIOS PERDIDOS [Fragmento]
![]() |
| «La Tormenta» (1880) de Pierre Auguste Cot |
a Alain-Fournier
Anochece.
Y al tañido de una campana llamando a la fiesta
se rompe la dura corteza de las apariencias.
Aparecen la casa vigilada por glicinas, una muchacha
leyendo en la glorieta bajo el piar de gorriones,
el ruido de las ruedas de un barco lejano.
La realidad secreta brillaba como un fruto maduro.
Empezaron a encender las luces del pueblo.
Los niños entraron a sus casas. Oímos el silbido del titiritero
que te llamaba.
Tú desapareciste diciéndonos: «No hay casa, ni padres, ni
amor; sólo hay compañeros de juego».
Y apagaste todas las luces
para que encendiéramos
para siempre las estrellas de la adolescencia
que nacieron de tus manos en un atardecer de mil
ochocientos
noventa y tantos.
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